

* Jesús ascendió al cielo: ¿Qué quiere decir que "ascendió al cielo"? Porque es muy posible que estas palabras nos sugieran inmediatamente la clásica estampa del Señor que sube, rodeado de ángeles, hasta que las nubes lo ocultan a los ojos de sus discípulos, que, arrodillados, contemplan boquiabiertos el maravilloso espectáculo. Pero sabemos que hay muchas maneras de hablar, porque no todo puede decirse de la misma manera, y que el lenguaje religioso utiliza profusamente el símbolo y la imagen.
La ascensión de Jesús a los cielos es una imagen, como lo es la resurrección y su entronización a la diestra del Padre. Por tanto, no se trata aquí de la narración de una historia en tres actos sucesivos: primero Jesús resucitaría de entre los muertos, a los "cuarenta días" subiría a los cielos y, por último, se sentaría como Señor del universo a la diestra del Padre. La resurrección, la ascensión y la entronización de Jesús como Señor revelan la imagen positiva de la cruz, manifiestan a los creyentes su cara oculta, despejan la incógnita de la muerte como paso hacia la verdadera vida, interpretan el equívoco de la "exaltación" a la que se refiere Jesús frecuentemente en el evangelio según San Juan.
La ascensión significa que Jesús, no obstante su muerte y a través de su muerte en la cruz, ha sido levantado por Dios y rehabilitado ante los ojos de sus discípulos, para que vean que el último es el primero. Significa que Jesús ha vencido la muerte, que es el último enemigo y la fuerza de los que pueden matar el cuerpo, y que por eso mismo el que padeció y murió bajo el poder de Poncio Pilato es hoy el que vive "por encima de todo principado, potestad, fuerza y dominación". Significa que Jesús ha superado ya el reino de la necesidad para entrar en el reino de la libertad. Significa que ha resucitado "hacia delante"; esto es, no para volver a morir o regresar a un mundo dominado por la muerte, sino para ir "más allá". No en sentido espacial o para ir a otro lugar que esté más allá de las nubes, sino en sentido cualitativo: para vivir en plenitud de vida, para vivir en Dios, que es la casa del hombre y donde hay muchas moradas. Significa que Jesús ha llegado a su destino, que ha cubierto el camino de nuestra esperanza, como adelantado y cabeza de todos los que se salvan, como primicias de la nueva humanidad. Significa, por tanto, que Jesús ha confirmado en la fe a los que le siguen y ha tensado el arco de la esperanza. Porque el hombre -así lo creemos- supera infinitamente al hombre, y si Jesús ha ascendido también nosotros ascenderemos hasta llegar a la altura de los ojos de Dios a cuya semejanza hemos sido creados. Para reconocer que Dios es nuestro Padre, y nosotros sus hijos. Porque también nosotros le veremos tal cual es, cara a cara.
* Y con él hemos ascendido también nosotros: La ascensión de Jesús a los cielos abre los caminos para una fe que ha de ir más allá de nuestros prejuicios y de todo cuanto podemos pensar. Y los caminos de un amor que nos ha de sacar del egoísmo para abarcarlo todo, sin detenerse ante el enemigo, porque es incluso amor al enemigo. Y los caminos de una esperanza contra toda esperanza, que no se para ante la muerte y que convierte la muerte en desfiladero de la vida. El misterio de la ascensión da sentido y fundamento a todas nuestras ascensiones.
Más aún, como dice Pablo, los que siguen a Jesús no quedan descolgados, sino que han sido sentados con él a la diestra del Padre. Porque si Jesús, que es nuestra cabeza, una vez ascendido al Padre resulta ya inaccesible a la muerte y a los que matan el cuerpo, así también en cierto modo los que le siguen. La vida y el destino de los que creen en Jesús está escondida en Dios y nada ni nadie podrá arrancarlos ahora del amor entrañable que Dios les tiene. Una razón poderosa para vivir sin desaliento y sin miedo.
* "¿Qué hacen ahí plantados mirando al cielo?": Pero todo esto que contemplamos y confesamos, que escuchamos como palabra de Dios, no da pie a la evasión de la realidad y al encantamiento.
En efecto, creer en la ascensión de Jesús no es quedarse con la boca abierta y los brazos cruzados. Es entrar en acción, es hacerse cargo de la misión recibida, es poner a trabajar la esperanza hasta que el Señor vuelva y se manifieste la gloria de los hijos de Dios. Si la vida de Jesús, de obediencia al Padre hasta la muerte y de entrega a los hombres sin ninguna reserva, se revela como ascensión a los cielos, los que nos llamamos cristianos y le seguimos sólo podemos hacer la misma experiencia si vivimos como él. Si le seguimos con la cruz a cuestas: por la cruz a la luz.
Sin embargo nuestra lucha y nuestra cruz es muy diferente de la lucha que se hace y de las cruces que se imponen en el mundo en nombre de otras utopías. Vemos por desgracia que se sacrifica a los hombre de carne y hueso, a las generaciones presentes, a los individuos, por el progreso o por el advenimiento de una sociedad futura, y que se les utiliza como medios para un fin abstracto.
Contra todos estos manejos los cristianos afirmamos la ascensión y la salvación de todos los hombres, de cada hombre, porque cada hombre es hijo de Dios y su dignidad personal ha sido sancionada y santificada, salvaguardada en Dios por Jesucristo.